martes, 18 de noviembre de 2014

18 de noviembre: La libertad era poesía negra

Haití, 18 de noviembre de 1803. Se libra la batalla de Vertières entre las fuerzas expedicionarias francesas y los esclavos negros deportados a Haití. Los esclavos levantan las armas exigiendo su libertad. El líder del ejército haitiano, Jean Jacques Dessalines, cae al suelo. Cuando todos creían que había muerto se levanta y continúa luchando. El comandante del ejército francés, Donatien de Rochambeau, proclama unos segundos de alto al fuego para comunicarle al máximo jefe del ejercito contrario que se manchó el uniforme en la caída.

El niño se limpia rápidamente y continúa la representación de su historia. De la historia que les cuenta cómo los esclavos africanos, ancestros recordados con orgullo y misticismo, que fueron transportados a Haití para trabajar tierras de café y azúcar, proclamaron su libertad imponiéndose como la primera república del mundo gobernada por esclavos negros liberados.

Es fiesta en Haití y anoche los tambores sonaron hasta el amanecer, los haitianos celebran con licores y el ritmo de tam tam la liberación de su color. Obligados a defender un país que no era el suyo, acogieron la herencia de una tierra huérfana y estéril. Los indios que la habitaban antes del desembarco francés cayeron uno a uno, rendidos ante un colonialismo agresivo y postrados de rodillas a la esclavitud salvaje que acabó con los indígenas. Haití fue repoblado con esclavos africanos,muchos de ellos enfermos o heridos, los otros convertidos ya para siempre en máquinas para trabajar la tierra y morir desfallecidos.

Es imposible hablar de capitalismo sin contemplar las repercusiones que tuvo la esclavitud en su consecución. El tráfico de compra venta de seres humanos apuntaló una estrecha relación entre el continente europeo, el americano y el africano. La explotación humana reportaba amplios beneficios. La producción de café o azúcar haitiana suponía más del 30% de las importaciones francesas e inglesas. El lastre de esta connivencia desigual perdura hasta hoy como línea divisoria de dos culturas contrapuestas en el inestable tablero de las revoluciones: la cultura de la explotación y la de la resistencia.

Los haitianos celebran hoy la victoria de una sangrante batalla. Sin embargo el cántico a la libertad es disonante y cojea. Encarcelados en una isla que produce más bien poco y sobrevive gracias a una solidaridad internacional que en otro tiempo los esclavizó, no se puede gritar a los cuatro vientos la palabra libertad. Las cicatrices siguen tatuadas en su costados y continúan determinando el producto interior bruto del país, el trabajo de sus gentes o el número de comidas diarias, si las hay.

¡Arrancad de raíz conmigo el árbol de la esclavitud! Pronunciaba el general Toussaint Loverture antes de comenzar cada batalla con fervorosa sed de libertad. Cuando lo mataron pensaban que solo se había talado el tronco del árbol de la libertad pero sus raíces ya eran muchas y muy profundas. Los cultivos no se dan en tierra seca y 210 primaveras más tarde estas raíces siguen buscando el agua que quite la sed a un pueblo deshidratado.

Aquel noviembre que iluminó los ojos y los corazones de los esclavos fue poesía. Los haitianos siguen buscando el camino que desemboca en su redención. Ríos secos. La libertad acotada a una isla con hambre, dolor, sed y resignación como puntos cardinales.

La brisa trae tambores y hace sol en Haití.

2 comentarios:

  1. Los tambores tendrian que sonar más fuerte, para que todos oyésemos los gemidos. Sí, hubiese sido bonito estar contigo, pero algún día volveremos juntas y quizás nos acompañe más gente.Te sigo queriendo.

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