Cambié las máquinas expendedoras por travesías en verde. Tres días sin tabaco y 20 gourdes en la cartera.
Areguy es una aldea pequeña diseminada a lo largo de la montaña. Las casas son chabolas de madera pintada salpicadas entre la vegetación. Los senderos se han formado a base de recorrerlos y serpentean las laderas de la montaña con una estrechez que exige filas indias. Hay un camino más ancho que conecta la ciudad de Jacmel con Areguy. Uno sabe que llegó a Areguy cuando ve una fuente, una iglesia o deja a mano izquierda la casa donde vivo. Su sombra resguarda del calor a muchos vecinos durante el día. La gran vía desemboca en un rio donde anteayer vi bañarse mujeres, burros, motos y niños.
Salí de casa y comencé a caminar sin rumbo por la calle empedrada, me parecía imposible encontrar tabaco sin tener que bajar a Jacmel. No hay ningún establecimiento y lo más parecido es un tenderete hecho de cuatro palos amarrados con cuerda y tres placas de uralita que protegen del sol algunos refrescos apoyados en una tinaja.
Dos chicos me miran y deducen que necesito ayuda. Me preguntan si pueden ayudarme con una servicialidad que me sigue sorprendiendo. Les explico que quiero comprar tabaco y me siento bastante ridícula preguntando por cigarros en este sitio. Uno de ellos me dice que le de el dinero y que él mismo lo comprará para mí. Le contesto que prefiero acompañarlo para conocer dónde se produce el milagro. Lo acompaño y nos perdemos entre la vegetación que es alta y espesa. Los habitantes de Areguy se esconden en grupos de tres o cuatro casas ocultas detrás de bananeros y árboles de Kenepa. Lo sigo por los caminos estrechos y angostos hasta un claro con tres casas. Los hombres sentados en el porche nos dan los buenos días y respondo con una sonrisa que, desaforturnadamente se pareció más a una reverencia. Estoy entrando en su poblado y no consigo no sentirme una intrusa. El sentimiento se esfuma cuando uno de ellos me llama María. Alguien le habría hablado de la nueva visita.
El chico entra en una de las casas y le explica a la señora mayor y encorvada que quiero tabaco. Lleva el pelo recogido en un moño trenzado y me sonríe contenta. Aquí todos me sonríen contentos. Cada cigarro vale 5 gourdas. Compro cuatro y le doy las gracias en creol. Dejando atrás las casas, el chico me explica que es tabaco haitiano, comme il faut (como debe ser). Contesto que por supuesto, que ya probé el café haitiano y está mucho más rico que el que hay en mi país y que seguro que pasa lo mismo con los cigarros. Desconfío de la segunda parte de mi afirmación.
Llego a la casa y me siento en el borde del lavadero. Corre la brisa y hay sombra. Enciendo el cigarro con intriga, deseando que no sea tabaco negro. Es mentolado y me río. Todo me da risa aquí. Cuando veo las letras verdes que destacan sobre el papel blanco leo Comme Il Faut. Eso me hace más gracia todavía. Claro que si, como debe ser.
Serás... Ni yendo a Haití...
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Hola Mariña:
ResponderEliminarNo nos conocemos en persona pero me siento muy unido a tí. En cierto modo, tenemos la misma madrina. También a mi me llevó Fina a Haití por primera vez. Al Haití del país vecino, el de los bateyes y las lomas pero Haití al fin y al cabo.
Gracias por compartir tu experiencia con nosotros, aunque he de reconocer que me das mucha envidia, ya son más de 11 años sin volver a Arregy y se les hecha de menos aunque ya no están las mismas hermanas y no sé si la gente se acuerda aún de Cuqui y de Cristóbal. Disfruta mucho de la gente de Arregy y de Haití en general, de la hospitalidad de las hermanas, de las sonrisas de los niños y de todo lo demás. Empapa bien el corazón. Traelo blandito para que de muchos frutos a la vuelta.
Cristóbal de Caseta, ou de Corredoira según se mire.
http://www.educardesdelainfancia.org/nuestro-proyecto-en-haití/
ResponderEliminarHola Mariña, y yo pensando que ibas a aprovechar para dejar de fumar.
ResponderEliminartu padrino que no lo es
Así se escribe! Como debe ser! No te sientas tan intrusa, tú misma lo dices, café y tabaco, suena a principio universal. Pero, e logo alí non hai viño?
ResponderEliminarEl lavadero es el sitio perfecto también para hablar por teléfono, era donde había mejor cubertura, lo demás lo tenemos que dejar, es una obligación, vas al lavadero y miras el horizonte.besos
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