Puerto Príncipe es la hipérbole del caos. Los coches comparten calle con tenderetes y niños que utilizan los mismos caminos para jugar al fútbol descalzos cambiando chanclas por porterías. La gente está en la calle y vende lo que tiene. Dos mangos, tres raíces de jengibre o un poco de carbón. El carbón es la primera fuente de energía de Haití. La contrapartida es una masa forestal que no llega al 1%. La acera se ocupaba por la basura y la gente sentada, a partes iguales. Los niños me saludaban desde la calle y la hermana Schola, por su parte, me dio la bienvenida con una gaseosa de Haití que paramos a comprar en la tienda de una gasolinera. El letrero de la puerta prohibía entrar con armas y me asusté un poco.
Por la mañana me desperté tranquila. Las monjas que me han dejado vivir con ellas procuran en todo momento que esté cómoda, poniendo a mi disposición todo lo que tienen. Después de desayunar, deshacer la maleta, lavar la ropa y ducharme con calderos de agua fría sólo eran las 9 de la mañana. Busqué en mí el miedo que sabía que vagaría escondido y acabé admitiendo que el aprendizaje va a ser un poco costoso. Estoy sola con mis costumbres de primer mundo (agua caliente, leche fría o cisternas) en este mundo de fe y vivir con poco.
Aquí tienes que reconocerte en tu dimensión más animal. El calor hace que sudes y las manchas de la ropa sólo salen si frotas. Aquí el organismo escondido que supura líquidos y reivindica nuestra naturaleza animal se revoluciona. Se camufla con esfuerzo y y dedicación consciente. Un esfuerzo que subraya la trampa, trampa que a su vez ha venido escondiendo la lavadora, la cisterna o el perfume.
La gente me saluda como si llevara viviendo aquí los últimos dos años, eso sumado a la calma con la que se sucede el día me hace sentir bien. Tan solo he dormido dos noches en esta cama y parece que todos me ubican aquí. Todos me ubican menos yo, que me sigo sintiendo como un gato al que cambiaron de sitio. Inspeccionándolo todo algo insegura, atendiendo a cada ruido y matando mosquitos con las manos.
De momento seis picaduras, mamá.
El agua,un bien preciado,la luz,las cisternas,una bebida fria para combatir el calor, pero el contrapunto:las estrellas que ahí ves,el ruido de la noche que vas a escuchar, no tienes que correr para coger el metro, no hay que poner chaleco reflectante para caminar y muchas otras cosas que irás descubriendo y valorando. Y el mar color esmeralda....te quiero y te envidio.Fina
ResponderEliminarSi, bueno pero ten cuidado con la gaseosa y demás bebidas, Que el envase este lo más precintado posible. ¡Ah¡, y utiliza el antimosquitos. Otro que se preocupa.
ResponderEliminarSe nota que este que se preocupa es un profesional, como diría Sofía, y tiene razón, ojo con las bebidas!.
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